Crónica de un club de lectura con Amelia Pérez de Villar

publicado en: Blog, Crónicas | 0
 
2016-10-20-08-18-33
Foto de Pedro Ignacio Tofiño

 

Tenía muchas ganas de que llegara el 19 de octubre, a las 19 horas (fácil de recordar), porque era la fecha marcada en el calendario para reunirnos con la escritora Amelia Pérez de Villar, en nuestro lugar favorito de Lavapiés: Juan Raro.

Conocí a la escritora antes del verano, luego me reencontré con ella en la Feria del Libro de Madrid y asistí a la presentación de su libro: “El pulso de la desmesura". No quise leerlo entonces porque me gusta llevarlo al club calentito, sintiendo esa cicatriz de la que tanto hablo y que nace justamente cuando lees la última frase.

Llueve y algunos lectores han avisado de que no vendrán porque están algo griposos. Yo, un poco cansada, porque han sido días de trenes, pero estoy tan feliz que me olvido de mis ojeras y de las tareas pendientes. Somos ocho lectores para charlar con la autora y el editor, diez, número redondo.

 

Comienzo contando que Amelia me ha dado una lección, porque no están bien las expectativas desde la primera página de un libro. Leo frases de la protagonista, Lola B, y doy por hecho que me mostrará una relación enferma, una obsesión, nada que ver con el amor. Presiento una mujer capaz de hacer cualquier cosa para que su marido la cuide.

2016-10-21-18-04-11

“… y el cuerpo ya que importa” pág. 9

“la atención de su hombre”

“yo envidio a todas las mujeres que se sienten amadas” pág. 14

“eres lo único que quiero en esta vida” pág. 19

 

Destaco el ritmo de la novela, la cadencia, el lugar exacto donde se acomoda el silencio y leo, igual que cuando veo esas películas raras en versión original con subtítulos, en las que llega un momento en que no me doy cuenta de que leo.

14589792_10207776319702182_5836369718768601691_o

Llega un momento en que escucho a Lola B, sin leerla.

Ella me habla y quizá su queja constante me lleva a no preocuparme demasiado.

Paseo por las frases, me gustaría darle un buen pellizco y contarle la diferencia entre amor y obsesión, entre amor y enfermedad, entre amar y necesitar… pero me callo, porque me doy cuenta durante mi paseo, ese que doy frase a frase, de que yo no sé tanto, ni los lectores, ni Lola B… ni nadie.

 

Llego al final y es la protagonista de la historia la que me pellizca a mí.

 

Me arrepiento de no haber ido más despacio, vuelvo atrás, pero no, ahora no quiero volver a leerlo, porque la cicatriz de la que os hablé es perfecta. Ahora solo puedo tragar saliva, y respirar despacio, por la nariz, hasta que agarre mi próxima lectura.

14612355_10208905758736242_7032991942209500487_o
Foto de Pedro Ignacio Tofiño

Sin duda ha sido un club de lectura con un ambiente inmejorable. Ya sabéis, me apasiona este  lugar de Lavapiés donde la cultura tiene siempre la puerta abierta. En Juan Raro huele rico, suena buena música, tiene una ventana y la gente nos mira al pasar.

 

Nos quedamos con ganas de seguir charlando y de arreglar nuestros mundos.

Inventamos un post-club y hablamos del amor, de los libros, de las bellas tardes que surgen de repente, de economía (sí, de economía) y de yoga (sí, fui yo quien saco el tema) y de repente, como esas bellas tardes que surgen, los lectores de Un Cuarto Propio me proponen una sesión muy especial para el mes de diciembre, para empezar el año con buen pie.

 

Y yo, ya lo avisé, regreso a casa un poco más feliz.

Lo mejor es que sigo recibiendo mensajes de Amelia Pérez de Villar, de Javier (Fórcola) y de los lectores porque ellos… también han regresado a casa un poco más felices.

¿No me digáis que os lo vais a perder en noviembre?