Crónica de un club de lectura con Ana Rossetti

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La cita fue el sábado día 12, a las doce en punto de la mañana.

 

Dicen que estamos en temporada de gripe, que una ola de frío nos invade, dicen que es invierno;  pero hace sol y celebramos el Club de Las Letras, así que nada mas comenzar a imaginarlo, ya es verano.

Recordamos el significado de “Alevosías”: agravante en un delito, cuando el que ejecuta pone todos los medios para que se lleve a cabo, asegurando que sucederá.

“Alevosías” es también el título del libro elegido, ocho relatos escritos por Ana Rossetti, premio “La Sonrisa Vertical” en el año 1991.

 

Yo prefiero leer el libro quitándole esa etiqueta de literatura erótica que no tiene sentido en estos días.  Hay actualmente una tendencia a mezclar géneros que me gusta, al igual que me encanta esa línea borrosa que separa ficción de realidad.

La excusa que nos reúne siempre es  la  buena literatura, y una vez más, corroboro ese especial cuidado que  Ana pone en la elección de cada palabra, me deleito con su escritura precisa y minuciosa que origina textos sublimes, tanto en poesía como en prosa.

 

Podría haberse titulado “De qué hablamos cuando hablamos de sexo” haciendo un guiño a Carver. No esperéis historias que hablen solamente del deseo  como punto de partida para el placer, sin efectos secundarios. El libro desasosiega y los finales nos pellizcan para que respiremos con fuerza antes de pasar al siguiente relato,

 

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Es un placer hablar con Ana Rossetti,  es generosa y comparte sus conocimientos, sus anécdotas, sus recuerdos. Los relatos nos sacan a ratos del camino trazado y también hablamos de religiones, de historia, de literatura;  las lectoras toman nota  con interés.

Yo estoy contenta porque el año comienza con una tertulia preciosa.

Intento seguir un orden, relato a relato, pero mi caos sale a la luz. Reímos, compartimos opiniones, saltamos de un tema a otro.

Me gusta que Ana me lleve la contraria porque argumenta perfectamente lo que opina,  me hace dudar; me gusta cambiar de opinión sintiendo que aprendo.

Siempre asocié la culpa con un invento cristiano para auto-flagelarnos inútilmente. La frase que me responde Ana se me queda marcada, tanto que quiero escribir algo sobre ello. “Si no tuviésemos sentido de la culpa, seríamos psicópatas”

Otra de esas palabras con mala fama para añadir a mi lista y transformarlas: "culpa"

 

Hablamos de celos, virginidad, obsesión, violencia, miedos, celos, mentiras, inocencia… podríamos seguir hablando dos horas más.

El club se alarga y nadie se tiene que marchar.

 

Yo simulo un hasta pronto pidiendo una dedicatoria y me aparto un rato para que las lectoras puedan acercarse a Ana y despedirse.

Muchas veces tras un evento, un club, un taller, un lo que sea, comienzo a recibir mensajes contentos y es la señal más certera de que habéis salido tan felices como yo. Escucho las señales, y me agarro con fuerza a este cuarto propio que es una forma de vida.

 

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¿Os he hablado del cuidado que pone Ana a la hora de elegir las palabras? “Alevosías” es un libro sublime.

 

“Todo estaba ya dispuesto. La vieja Cornelia le había enseñado lo que tenía que hacer. Lo ensayaron mil veces juntas. Laura temía equivocarse e insistía: Por favor, una vez más. Y de nuevo la vieja Cornelia debía ponerse ante ella para que reprodujese sus movimientos, como si la una fuese el espejo de la otra. Lo más difícil era el conjuro que había que repetir en todo momento, sin detenerse, ni retroceder, ni confundirse.
Laura titubeaba, suplicaba un aplazamiento: apenas dos días, uno, siquiera. Pero la vieja Cornelia sentenció: Tendrá que ser el viernes o no será jamás.

Porque los encantamientos tienen en el tiempo un solo momento favorable. Pero Laura se sentía tan insegura que habría desistido.

Luego pensó  en cómo sería la lengua de Fabricio en su boca, en sus pechos, entre sus piernas: cómo rodearía sus pezones hasta hacer de ellos dos huesos de cerezas: cómo la sentiría recorrer la caracola rosa de su vulva, lamiendo sus jugosas paredes, y cómo retornaría hasta su boca para hacerle conocer de qué estaba hecho el licor que su gruta rezumaba. La lengua de Fabricio… y la cita era el viernes… y el viernes era hoy.

La vieja Cornelia la llevó a una habitación con una enorme cama en el centro, casi una nave bajo el baldaquino, casi un catafalco sobre la tarima. En el muro de la derecha había un espejo verdoso y arrugado, y una mesa con un candelabro encendido, un peine de hueso, un frasco de perfume con propiedades mágicas y un pebetero con un talismán. Delante de la mesa había una silla y, sobre el respaldo, estaba doblado un blanco camisón  de lino.

La vieja Cornelia  la desnudó, frotó por su cuerpo el tapón del frasco humedecido con perfume, le puso el camisón, le alisó los sueltos cabellos y sólo entonces exigió su pago.”

 

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Gracias, lectoras y lectores. 

Gracias, Pedro Ignacio por las fotos y el cariño.

Gracias, Carlos Pardo y M. Jesús G. G. por el apoyo, la compañía y  la organización.

 

Nuestras próximas citas serán:

9 de febrero con María Tena charlando sobre su libro "Nada que no sepas" 

9 de marzo con Carlos Manuel Álvarez charlando sobre su libro "Los caídos

Reservad a través de nuestro correo info@uncuartopropio.com o escribiendo un WhatsApp a Cristina (696-369-375)