Crónica de un club de lectura con Andrés Barba

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Aunque el otoño diga que ya ha llegado, hoy 29 de septiembre, sábado a las  12 de la mañana, era verano, os lo digo yo.

Estrenamos el Club de las Letras  en la Biblioteca del Hotel Iberostar Las Letras Gran Vía y llego con tiempo suficiente para ver a solas el espacio donde nos instalaremos. Predomina el color blanco, hay libros, sillones, calma y la iluminación es perfecta.  Me parece el lugar ideal para leer, escribir, hablar de libros o inventar cuentos.

 

Lo primero es agradecer. Un Cuarto Propio cumple pronto nueve años y es el momento de pregonar que seguimos aquí, gracias a los que colaboráis viniendo a eventos, a talleres y/o comprando libros. 

Después hago una pequeña introducción para empezar a tirar del hilo y que la tertulia se desenmarañe sin esfuerzo.

 

Recuerdo a todos los que han venido que en esta historia los protagonistas son Andrés y sus lectores, yo desde hace tiempo prefiero escuchar y acomodar mis impresiones en los silencios que surjan, creo que es la clave para que todos los que se adentraron en la novela “República Luminosa”, salgan satisfechos compartiendo su lectura.

 

¡Con Andrés es tan fácil! Es generoso, nos cuenta algunos secretos que por supuesto no contaré. Además nos recomienda montones de libros interesantes,  autores: Jean Genet, Maurice Maeterlink… siempre Conrad.

 

“República Luminosa” nos plantea un montón de preguntas desde la primera línea. El escritor anticipa constantemente la dosis de información justa para enganchar al lector. Me resulta magistral  su forma de dar a conocer lo que va a ocurrir mientras  imagino en mi cabeza una docena de “cómos”. Los constantes viajes en el tiempo, adelantar los finales, crea en mi “yo lectora”, ganas de seguir leyendo.

 

Me interesa mucho observar el comportamiento de un grupo y ver cómo los individuos acogidos se transforman. ¿Y si son niños?¿Pueden unos niños organizarse y subsistir sin la intervención de los adultos? No responderé; pasen y lean.

 

Una de las lectoras insiste en un personaje clave: la naturaleza que crea y destruye convirtiendo a la especie humana en nimiedad.

 

Yo me detengo en la invención de un nuevo lenguaje que crea incomunicación entre los personajes.  Como contraste, en la novela suena música, lenguaje universal que en un momento me da la esperanza que pierdo.

 

Hablamos de la culpa, del río, de domesticar, de la infancia, de edades, de gestos, de amor, de violencia.

 

También hay un diario, el de Teresa Otaño que nos aporta respuestas a algunas preguntas.

 

Después nunca las cosas serán como eran.

Imagino a los 32 niños como un huracán que no se ve, que se siente, que arrasa con los cimientos de una sociedad contaminada y que desaparece dejando solamente una cicatriz invisible que quizá se llame culpa.

 

La novela empieza por el final pero enseguida nos muestra un comienzo idílico en una historia que augura lo contrario.

 

Pero “República Luminosa” también habla del amor, a través de metáforas, comparaciones y también a través de unos niños que se inician en este misterio por instinto y sin una referencia. Puede que hablemos de deseo.

 

A nuestro libro no le falta ni le sobra nada, Andrés ha conseguido ser preciso, su crónica no admite rodeos aunque confiesa que escribió algunas páginas más que después desechó.

 

“Incluso en el lugar de la confidencia más íntima hay siempre un espacio de resistencia, algo que no se confiesa, un gesto o una señal diminuta en la que se concentra lo que no entregamos”

 

He intentado no desvelar demasiado, centrarme en abrir el apetito y recomendar sin ninguna duda que leáis “República Luminosa” de Andrés Barba, premio Herralde de novela editado por Ed. Anagrama.

 

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Nuestro ejemplar se coloca directamente en el estante de “libros memorables”

 

Gracias Pedro Ignacio, por mirarnos bien y hacernos fotos.

Gracias a  nuestro nuevo espacio por acogernos, a Andrés por decir Sí y a los lectores por venir, repetir y apuntarse ya a la cita de octubre.