Crónica de un club de lectura con Andrés Barba

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Nos reunimos con Andrés Barba en esta tarde rara,  un deambular constante;  agradezco una excusa, un libro, para hacer una pausa y charlar. Las lectoras llegan calmadas y nuestro club de lectura se convierte en una tertulia entre amigos, con risas, reflexiones y miradas.

Hay quien echa de menos un libro redondo, irreal y “realista” a la vez, como esas historias que inventamos con orden y que eligen el final que corresponde.  Pero en el libro de Andrés hay personajes que en determinados momentos dejan de ser importantes y el foco, la luz, se detiene en otro o se apaga, porque así suele ser en nuestra cotidianeidad. Las cosas suceden por algo pero demasiadas veces, no sabemos por qué.

Hay grietas que saltamos sin asomarnos al hueco que han abierto, hay recuerdos que enterramos y aunque deseamos con fuerza resetear nuestro cerebro, siempre nos quedan las cicatrices.

 

Andrés Barba juega cuando escribe, se reta y se apodera de situaciones o frases que le arroja el azar o sus cartas. Durante su novela surge un paseo por un laberinto sin salida.

Hablamos del dinero, de quemar el sistema, de reírnos y utilizar esa risa como protesta. Charlamos de la deslealtad y su daño, de lo difícil que es escribir una autobiografía que nos retrate sin ser ni más ni menos de lo que somos.

“En presencia de un payaso” se puede decir casi todo y yo transformo el libro en un espejo y me asomo cruzándome con sus personajes a los que soy incapaz de juzgar.

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Entre los temas que anoto en esa hoja que nunca utilizo está el humor, la memoria, la familia, la moral… anoto pinceladas por si los silencios son largos, pero la tarde se dibuja sola y todos pintamos.

En negrita grandes frases:                                                                     

“un payaso deprimido era contranatura” – pág. 79

“La incomodidad no parecía manifestarse en los lugares previsibles” pág.164

“La alegría le causaba pudor” pág. 168

 

Solo puedo hacer un guiño y despedirme con un “hastalueguito”  UNA VEZ MÁS GRACIAS, sin lectores no habría club.

Siento no haber destripado esta enorme novela, mejor: PASEN Y LEAN