Crónica de un club de lectura con Elvira Navarro

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25 de octubre, en cuanto amanece  yo ya celebro que por la tarde tenemos Club de las Letras.

Sí, a veces no es fácil, personas se inscriben, al rato se acuerdan de que no pueden, al rato invitan a un amigo, al rato prefieren otra actividad, al rato llega la gripe que lo invade todo. Hace un rato éramos dieciocho y ahora solo somos nueve,  quizá finalmente seamos diez, quién sabe.

El club de lectura se coordina por  amor a los libros, se coordina con mucho cariño aunque a veces mis ojeras se empeñen en hablar. Decido abandonar esta tarea algún lunes gris de cada mes y decido seguir adelante  tras cada encuentro maravilloso, como hoy, como ahora.  

 

Hoy nos reunimos en la parte de arriba, junto a la calle, junto a las ventanas.

Este año no queremos un club subterráneo.

 

“La isla de los conejos” me ha encantado. Todo en octubre ha sido veloz, mi lectura también,  pero mi atención no ha disminuido ni un ápice. Elvira escribe para lectores ávidos, que intuyen, que no quieren que les cuenten todo, que no les importa perderse en un laberinto bajo el agua.

Siempre que compartimos un libro de relatos busco un elemento común, algún tema que obsesione especialmente a nuestra autora. Me doy cuenta de que Elvira escribe con brújula, ubica los puntos exactos donde ocurre cada relato, documenta con calles, con tiendas, con parques, con ríos.

Pero algunos relatos se escapan de mi teoría, pocos. Lo que sí comparten todos es esa atmósfera rara, como si los personajes llevasen un abrigo de niebla.

 

La escritora nos confirma que muchas de sus historias tienen como punto de partida un lugar, aunque luego como todo, se transformen.

 

Hablamos también del cuerpo, de la carne, de las deformaciones, de la transformación. Destaco: “Estricnina”,  “Myotragus” y  el kafkiano “Encía”. En “Estricnina” hay referencias a la escritura, a representarse en tercera persona, a relatarse desde fuera y yo pienso que quizá todos hayamos escrito alguna vez desde una mano ajena que incluso puede dejar de ser mano.

 

También hay unas cuantas relaciones que se terminan:  “Las Cartas de Gerardo”,   “Paris Peripherie” y “Encía”. Percibo protagonistas que se entretienen haciendo otras cosas para no darse cuenta de lo que ocurre.

A veces siento que Elvira también me entretiene, me lleva de una situación a otra para desembocar en lo que no  esperaba,  por ello cada relato se presta a tantos temas, por ello es un magnífico libro para un club de lectores curiosos.

 

Todas estamos de a cuerdo con la verosimilitud de lo leído, historias creíbles que no se ponen en duda. Quizá porque están rodeadas de cotidianeidad,  ¿si exageramos la rutina se convierte en fantasía?   Elvira no diferencia entre cuentos realistas y cuentos fantásticos, pienso que es cierto que en la vida la línea entre realidad y ficción se difumina fácilmente.

 

Ha sido un encuentro tranquilo, cercano. Me gusta mucho más este nuevo lugar desde donde se nos ve y vemos. Me ha encantado esa idea de Elvira Navarro sobre ordenar los relatos antes de su publicación, como si el conjunto fuese una melodía y hubiese que subir y bajar el ritmo en el punto exacto.  Me atrae su proceso creativo repleto de bifurcaciones.

 

“La isla de los conejos” me hizo recordar a mi amiga Leonora Carrington con sus “Conejos blancos”

El club de hoy me regalado un arsenal de ganas,  ganas de experimentar, de seguir leyendo, de seguir ofreciendo.

 

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Gracias  a todos los que habéis estado hoy brindando por la buena literatura.

Gracias, Pedro Ignacio por las fotos. 

Nuestro próximo encuentro será con Alejandro Morellón, será el 22 de noviembre, viernes a las 18 horas.

Después el club se volverá loco porque me cansé de una vez al mes, de siempre el viernes, me cansé de relojes,  así que… estad atentos al 2020, puede aparecer un club a la vuelta de cualquier día.