Crónica de un club de lectura con Javier Morales

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La cita de mayo, aparece marcada con color verde en el calendario de pared: día 16, siempre miércoles a las siete en punto, en Juan Raro.

La tarde nos regala un poco de verano y el club se llena de lectoras y lectores curiosos.

Pocas veces hemos leído un libro de no ficción para un club y me gusta poder inventar una tertulia en torno a un tema que me interesa tanto.

Como siempre, hago una pequeña introducción para dar paso al escritor y recuerdo a los asistentes que lo mejor es que yo hable poco, lo mínimo, y que aprovechen que Javier Morales ha dicho SÍ para contarle su libro.

Yo no soy vegetariana. No como carne desde hace muchos meses porque no me apetece, porque algunos platos incluso me dan asco. Sí como pescado y me gusta. No sé si algún día decidiré ser vegetariana; me gusta escuchar a mi cuerpo y darle lo que va pidiendo. Me cuido, no tomo leche, ni azúcar blanco, ni café ni alcohol… repito que no tomo lo que no me apetece comer; pre-siento que me hará daño; mi proceso ha sido muy fácil.

Disfruté con la lectura de “El día que dejé de comer animales” porque no pretende convencer. Detesto ese verbo. Es un libro para concienciar, para hacernos responsables de las decisiones alimentarias que tomamos y que seamos conscientes del daño o el alivio que pueden hacer al planeta.

Javier Morales ha definido el libro como un viaje.

Yo le pregunto ¿Sigue ese viaje, ese proceso, ese aprendizaje?

 

Iniciamos nuestra conversación y sí, hay debate, hay diferentes opiniones que cada uno defiende.

 

“Solo vemos aquello que miramos y mirar es un acto de elección” (Modos de ver de John Berger”

“Si mirar es un acto de elección, que cada lector elija lo que quiere mirar, lo que quiere ver” - Añade nuestro autor invitado.

 

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“Todos quieren cambiar el mundo pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo”; esto lo añado yo, bueno, realmente lo añade Tolstoi y es la frase que resume en parte lo que escucho a diario.

 

No he leído este libro para ponerme como meta que nadie coma animales. Convencer me da mucha pereza. Lo he leído para cambiar algunas de mis costumbres si le duelen al planeta. Con este pequeño gesto, me contento.

 

Hablamos de la pirámide de alimentación saludable que propone la OMS, pero también hay una pirámide vegetariana y también ha habido una evolución, un cambio de vida, un cambio social. Los médicos tampoco recomiendan ahora lo mismo que recomendaban antes. No me sirve agarrarme a lo que hay y ponerlo como excusa para no cambiar-me.

 

En el grupo hay veganos, vegetarianos, carnívoros, muy carnívoros… y a mí me alegra que podamos charlar con respeto. Hubiese sido un club de lectura muy aburrido si todos estuviésemos de acuerdo.

 

En el libro de Javier Morales aparecen títulos, autores, rincones de internet donde podemos continuar nuestro viaje.

Hay quien cambia su dieta por una cuestión de salud pero ser vegetariano es una forma de pensar, de vivir , una decisión ética.

 

Releo en voz alta,  la parte del libro en la que se habla de los “daños colaterales” del consumo de carne (Melanie Joy)

 

“La contribución del ganado a las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero representa entre el siete y el dieciocho por ciento de las emisiones totales. El sector pecuario, además, es un factor clave en el incremento del uso del agua, es responsable del ocho por ciento del consumo mundial de este recurso, principalmente para la irrigación de los cultivos foráneos. La ganadería es probablemente la mayor fuente de contaminación del agua (…) Las tierras agrarias se usan, sobre todo, para la producción ganadera. La agricultura y la ganadería ocupan alrededor del 34% de la superficie terrestre del planeta y aproximadamente la mitad de la que pueden habitar las platas (…) Sin embargo, estos productos animales derivados de la tierra suministran apenas el 17 % de las calorías y un 33% de las proteínas que consumen los seres humanos en el mundo”

 

Todos guardamos un recuerdo de nuestra infancia relacionado con la violencia a los animales que nos dañó. Recuerdo el horrible olor del agua caliente mezclada con la piel de los pollos que mi padre compraba vivos a un vendedor ambulante, cuando los desplumaba. Recuerdo un conejito que nos acompañaba en verano y que al regresar a Madrid, siempre comíamos un arroz con carne extraña que yo nunca probé. 

Luego crecí y las bandejas del supermercado se encargaron de normalizar malamente mis comidas. Ahora podemos ver si nos informamos que los mataderos son auténticos campos de exterminio y no... no son de cristal. 

 

El libro abre una ventana a  reflexión y eso es lo importante.

No sé si alguno de los lectores intentará que sus amigos, familiares y demás dejen de comer animales. Repito que yo no soy vegetariana pero sí me gustaría que los que me rodean leyesen este libro y luego como bien dice Javier Morales, que elijan hacia dónde mirar.

MIL GRACIAS  a todos los que estuvisteis en el club. A todos los que compartisteis vuestra sincera opinión para que nuestro encuentro fuese tan interesante, a Javier Morales por sus libros y su conversación.

Gracias a nuestro lector fotógrafo: Pedro Ignacio Tofiño por venir y por sus fotos.