Crónica de un club de lectura con Patricia Almarcegui

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2017-10-19 09.40.06

Viajar, escribir, bailar, leer… Termina el club y dejo que todas las emociones reposen durante la noche. Por la mañana veo que la escritora, Patricia, califica el club como generoso. Y yo no puedo encontrar mejor término.

 

Sigo charlando con algunas lectoras y les hablo de que los autores aceptan la invitación, de mi agradecimiento a los editores cercanos, de las lecturas compartidas y sí, de generosidad.

 

Otra palabra que aparece en cada club es: GRACIAS

 

Son ya ocho años organizando el club de lectura . Un día corriente de club, siempre miércoles y siempre a las siete de la tarde, me levanto contenta. Reviso el libro lleno de notas, madrugo, hago yoga, paseo, y en mi cabeza voy inventando cómo será la tarde. Improviso utilizando solo los cuentos que a partir de mis notas han surgido.

Compruebo que todos los lectores saben dónde, saben cuándo, saben que es HOY. Y bromeo con ellos, con las sillas, con las paredes de Juan Raro que leen y nos miran y hasta con el Rey que suele asistir a nuestro club sin decir nada… Ah, solo quien viene al club sabe de qué hablo.

 

Después no sé muy bien lo que digo. Suelo guardar en mi bolsillo izquierdo alguna historia o tema que sé que levantará pasiones para utilizar solamente en caso de silencio largo. Pero no, los lectores son atentos, apasionados, generosos, sí, y traen ellos mismos sus historias, no sé bien en qué bolsillo pero aparecen anécdotas, opiniones diferentes que nunca chocan, gestos de manos, miradas, risas, subrayados…

 

Queremos ir a San Petersburgo para celebrar el libro. Queremos ir al teatro Mariinsky.

Ha sido una lectura con los cinco sentidos, me han dolido los dedos de los pies, he escuchado la música, es un libro que late, respira, tiene ritmo. Quizá lo que convierte una voz en auténtica, en reconocible, sea esa capacidad de que las palabras suenen bien. No, no es la gramática ni la técnica la que otorga musicalidad al texto, es la intuición, el oído y la cadencia. Como esos bailarines que ejecutan los movimientos al mismo tiempo, que tienen cuerpos similares, que ensayan sus gestos al unísono y sin embargo unos pesan y otros vuelan.

Así son las palabras de Patricia Almarcegui, tan ligeras que parecen volar y posarse en el lugar exacto.

 

Hemos echado de menos que la protagonista se desahogue con nosotros, pero eso sería otro libro y quizá esas emociones que todos damos por conocidas, hubiesen eliminado la intención de nuestra autora y nos hubiesen pasado desapercibidos todos los efectos secundarios que tiene una pasión. Hay soledad, rivalidad, jerarquía, dolor físico.

 

“Hay personas que tienen esa incapacidad, no porque se amen más a sí mismas ni porque, como no se quieren, no puedan amar. Simplemente hay cosas que les interesan más. Tienen habilidades y talento para ellas y esa facilidad les hace preferirlas al amor, más difícil e ingrato” pág.118

 

Se habla de la ciudad como protagonista pero para mí el protagonista es el cuerpo. Hay un idioma en la danza, las bailarinas se comunican mejor con el gesto de su cuello que con las palabras y quizá por eso las que no danzamos, hemos olvidado que nuestro lenguaje es otro, distinto al de la protagonista.

“ La memoria del cuerpo” son imágenes, P.A (que no la autora) tiene rostro, no habla demasiado, y paseamos junto a ella por esos escenarios que vemos con detalle.

 

Hay hombres: Román, Kolia, Yuri y Alexei. Hay sexo sin adornos, sexo de verdad como un baile sin normas.

 

Solemos leer un libro y después se aparca, en un rincón de la memoria al que recurrimos pocas veces, en un rincón de la estantería donde ya miramos menos.

Sin embargo, leemos un libro para el club de lectura y buscamos entre líneas lo que esconde y muestra a la vez, y conocemos a la persona que lo escribió, nos cuenta sus “secretos de cocina”, conocemos a gente que también lo leyó pero ahora parece que contado por ellos es otro libro, inventamos un después para el recuerdo y todo esto hace que ese libro no se pierda, se convierta en memorable y se asocie con detalles que no solo lo guardan, lo acomodan, en un hueco imaginario.

 

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GRACIAS DE NUEVO, sin vosotros no habría club: Lectores, Lectoras, editores y escritores valientes que se atreven a que les cuenten su libro desde el otro lado, desde su destino.

 

Tenemos ya las próximas citas, tenemos solamente quince sillas

SIEMPRE MIÉRCOLES, A LAS SIETE DE LA TARDE, EN NUESTRO LUGAR FAVORITO DE LAVAPIÉS – JUAN RARO

 

22 de noviembre – Sofía Rhei con “ Espérame en la última página”

20 de diciembre – Sabina Urraca con “Las niñas prodigio”

17 de enero – Pilar Adón – “ La vida sumergida”

14 de febrero – Monoperro – “Gran fin”

14 de marzo – Myriam Gea y Cristina Matas – “La isla desierta”