Recomendaciones de julio 2019 (III)

  • Autor/a: Marguerite Duras
  • Editorial: Tusquets 
Tres personas —una mujer encinta, un viajero y un hombre que camina— han terminado por encerrarse, cada una de ellas con alguna poderosa razón, en el espacio abierto de una isla. Sólo ellas tres parecen ocupar el espacio soleado y ventoso de la playa desierta delimitada, a un lado, por el malecón y, al otro, por el río. En su melancólico vaivén, se miran a sí mismas y entre sí en el silencio atemporal, con la mirada hueca y fría de quienes han llegado al final. Todo parece haber quedado atrás: entre los brazos de una esposa y de sus hijos para el viajero; en un remoto salón de baile para la mujer encinta; y en el recuerdo intenso de un nombre olvidado para el hombre que camina. Pero, de pronto, por un instante, un atisbo de deseo vuelve a animarlas; se acercan, se rozan, se hablan, se interrogan en la noche, ante el mar… ¿El amor?
   
 

 

Tres personajes: una mujer embarazada, el viajero y un hombre que camina. 

“El amor” es el libro de Marguerite donde más silencio he encontrado.

“S Thala”, ciudad quizá imaginada,  aparece constantemente. He recordado la película “Hiroshima, mon amour” donde los protagonistas adquieren al final del film los nombres de sus lugares: Nevers e Hiroshima.  Me gusta esa relación que  hace la autora de los nombres de cada uno con el lugar que habitan. 

 

- S.Thala ¿es mi nombre?

- Sí- ella lo explica, señala-: aquí, todo es S. Thala

 

Si algo hace Marguerite Duras como nadie es mirar.

“El amor” es un libro febril, se lee desde el delirio, es un libro que se mira. Observo a los tres personajes que gracias al encuentro se vuelven visibles. Detesto calificar los libros como “fáciles o difíciles”. Duras es una escritora lúcida, su escritura es ella, con todos los vaivenes y los laberintos que transita, con su vida discontinua. No me atrevería a recomendárselo a cualquiera. 

Imagino una partida de billar, imagino tres bolas que se contonean como esos tres personajes que se rozan, se golpean, se distancian, se ven sin decirse. "El amor" es una partida de billar. 

También es un deleite si lo leemos dejándonos llevar. Está repleto de gestos, de lenguaje no verbal, ardua tarea en la literatura.

Al mismo tiempo es el libro del lenguaje. Los personajes parecen descifrar cada una de sus palabras cuando las expulsan, parecen buscar el término exacto como si fuese la primera vez que se comunican, como en esas situaciones en las que lo que sentimos es intraducible.

Marguerite se lee mejor que se reseña: 

 

 

“Ella dice claramente:

-Todo el mundo me ve –espera- pero usted ha visto además otra cosa. Ella señala a quien camina, a lo lejos, y añade:

-Él

Ella se ha inmovilizado frente a la mar.

El dice:

  • Los había olvidado.
  • Sí, eso es. – Ella descifra lentamente el espacio-. Entonces, usted vino a S. Thala para matarse, y luego vio que todavía estábamos aquí.
  • Usted se acordó.
  • Sí- y añade-: de… Se interrumpe.
  • Yo no sé la palabra para decir eso.

Ambos se callan.

Una sombra pasa por el cielo. Llega el viento, se a de nuevo. El movimiento de la mar va a cambiar de sentido. Ese cambio se prepara.

La marcha, a lo lejos, continúa ante la mar.

Ella se levanta, se vuelve hacia el malecón, hacia la marcha.

  • Voy a verle, volveré.

Él no la retiene. Ella está de pie cerca de él, pero con los ojos puestos en el hombre que camina a lo lejos. Debo de preguntarle algo –y repite-: volveré.

Ella sigue esperando. Todavía tiene algo que decirle.

  • Es por ese viaje.- Se interrumpe-. No entiendo cómo sé que debemos hacerlo.

Ella señala a lo lejos:

  • Él me lo dirá.

Ella se aleja, él la llama. Él pregunta:

  • Thala ¿es mi nombre?

-  Sí – ella lo explica, señala-: aquí todo es S. Thala.

Ella se aleja. Él no la llama. Ella bordea la mar.

Él mira cómo camina. Ella camina más deprisa que de costumbre. Con un paso  regular, también ella, de pronto.

Ella le alcanza. comienza a caminar con él. En lugar de volver sobre sus pasos, él continúa, ella continúa con él.

El movimiento de la mar se ha invertido. Se prepara el descenso del río, su deslizamiento hacia el abismo de sal. Por los estallidos blancos pasan las gaviotas de la mar. Llegan hasta la arena desnuda. Sus gritos hambrientos las preceden. “