Recomendaciones de julio 2019

  • Autor/a: Santiago Lorenzo
  • Editorial: Blackie Books
Manuel acuchilla a un policía antidisturbios que quería pegarle. Huye. Se esconde en una aldea abandonada. Sobrevive de libros Austral, vegetales de los alrededores, una pequeña compra en el Lidl que le envía su tío. Y se da cuenta de que cuanto menos tiene, menos necesita. Un thriller estático, una versión de Robinson Crusoe ambientada en la España vacía, una redefinición del concepto «austeridad». Una historia que nos hace plantearnos si los únicos sanos son los que saben que esta sociedad está enferma. Santiago Lorenzo ha escrito su novela más rabiosamente política, lírica y hermosa.  
     
 

 

Asco:

 1. m. Alteración del estómago causada por la repugnancia que se tiene a algo que incita a vómito.

 2. m. Impresión desagradable causada por algo que repugna.

 3. m. Persona o cosa que produce asco.

 

Cuando una está muy a gusto sola es cuando mejor puede decidir con quién compartir su tiempo porque aunque tengamos mucho, mucho tiempo, no se debe ir derramándolo por ahí para que lo agarre la gente. Quizá “Los Asquerosos” hable de eso, de poder vivir sin los otros, de evitar a todas esas personas anónimas que nos estorban, nos desagradan, nos desasosiegan las manías. 

Manuel, el protagonista, tiene un percance con un policía en un portal y huye, se refugia en un pueblo abandonado donde aprende a vivir de otra manera, a su manera,  y se da cuenta de lo poco que necesita, de lo absurdo que puede llegar a ser lo cotidiano.

He encontrado una similitud con Oblomov siendo lo opuesto.  Nuestro protagonista hace, transforma,  inventa y al mismo tiempo simplifica la vida al máximo, al mínimo de enseres, al desapego, a la ausencia de todo aquello que  sobra.   Cuando cerré Oblomov pensé:  “que lo dejen en paz, que viva como quiera”,  y algo así le deseé a Manuel porque a mí me estorbaban también los mochufas que se creen que  el campo que es de todos nos convierte en sordos y ciegos. 

Cuando más a gusto está Manuel, más solo,  llegan los que se empeñan en que Coelho les diga cómo vivir y así seguir sin tomar decisiones propias, sin verse en el espejo, sin hacerse preguntas.

Todo nos lo cuenta una voz que  pronto olvidamos de quién es, una voz clásica de vocabulario preciso, una voz con la ironía del que no sabe que  la usa.

 

No diré que me he planteado cambiar, que he pensado que podría ser yo una mochufa cualquiera porque no, porque este libro no me parecido un espejo, porque no me gusta la gente pero sí algunas personas, porque aunque adoro internet y las redes sociales no comparto intimidades, porque aunque tengo una tele no sé qué día dejó de funcionar, porque contraté una de esas plataformas de cine para disfrutar  yo  sola sin ruido de palomitas. Sí, también uso jabones ecológicos  y practico yoga a diario porque me siento mejor haciéndolo y cuando una aprende a estar sola, también aprende que le importan muy poco las etiquetas que le cuelguen.

Impresión desagradable causada por algo que repugna; este libro no me ha resultado nada asqueroso,  me ha divertido pero solo me he reído a medias, de reojo, no es un libro de humor aunque nos pueda resultar gracioso mirar por la mirilla a alguien que vive  sin ser visto.  La soledad absoluta es vivir en una invisibilidad silenciosa.

“Era una suerte tener todos los calendarios del mundo para llenarlos con lo que quisiera. Pero la potra determinante, incomparable con la anterior, era la de disponer de abultados catálogos de ideas para llenar ese tiempo.”

 

He recordado ese bello proverbio africano: “Vosotros tenéis los relojes, nosotros el tiempo”