Recomendaciones de octubre

  • Autor/a: Enrique Mochales
  • Editorial: Huerga & Fierro
Mediante una prosa económica y moderna, ajena al artificio, Enrique Mochales consigue transmitirnos una sorprendente mixtura entre la crueldad y la ternura. Tiene publicado el libro de relatos de Mermelada Amarga y apareció en la antología de autores vascos Los que más cuentan.
     
 

 

Lo confieso, no había leído a Mochales hasta ahora. conocía su término: “articuento” y por supuesto, conocía su intensa vida creativa, sus imágenes.

Me encanta lo que dijo el artista en una entrevista; él consideraba el arte como un “exorcismo” y la escritura como un “Río de palabras”.

Me duele acercarme a él ahora, tarde para contarle mi trayecto en barca por su libro. El primer cuento es  un comienzo,  quiero seguir leyendo

 

En “La locura de mi abuela” veo a otro Mochales, lo leo dos veces, es un cuento mágico y sublime.

Pero están “Gatos negros” y “La gasolinera” rozando el realismo sucio. No, desisto, no se puede comparar ni etiquetar a este gran autor.

Cada cuento es distinto, podemos encontrar matices que los unen, son todos inesperados. Mochales es una sorpresa tras otra y luego el final se convierte en  una  fiesta para el lector.

Un cuento debe ser redondo, no tiene porque tener un final cerrado, puede que el escritor opte porque el lector interprete a su antojo, pero siempre tiene que dejarlo satisfecho. Es imposible decir tras un buen cuento: ¿Esto es todo?

 

Tras cada cuento me detengo. Respiro antes de leer el siguiente o incluso dejo de leer hasta pasado un buen rato.

Hoy sigo viendo a esa abuela entre las plantas:

“¿No te acuerdas?”, me preguntó, y negué con la cabeza. “Es la Cirila”, apuntó, “o lo que queda de ella”. Examiné el cadáver de la difunta Cirila. Uno de los troncos se quebró entre mis dedos. “¿Se ha muerto de vieja? inquirí. “Quién sabe”, dijo la abuela Eva, “yo creo que se ha muerto porque le ha dado la gana”.

“Ahora cree que las plantas hablan”, decía Papá. “Me ha contado que mascullan palabras antes de secarse, que están muriendo todas en masa. Luego se pone a llorar, ya sabes que ahora llora mucho, y , entre sollozos, me repite que ella no tiene la culpa, las plantas mueren porque quieren. pág.19/20

 

Con “El coyote” (4ºcuento del libro) quedo atrapada; sé que devoraré el libro, con sus pausas en el punto exacto, cuando las letras con mucha fuerza, desemboquen en el mar.

 

Esta vez no puedo evitarlo, leo “Es que como nunca hablamos”, y sí, recuerdo  el libro de Carver: “De qué hablamos cuando hablamos de amor”

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Hubo una época en que siempre optaba por la novela, no era una gran lectora de narrativa breve. Tropecé con Carver y sucumbí, después empecé a descubrir el placer de intercalar poesía y/o relato con alguna novela y dejé de decir que era incapaz de mantener varias lecturas a la vez.

Me encontré con uno de mis libros favoritos de relatos, “El mes más cruel” de Pilar Adón, luego llegaron más: “Siete casas vacías” de Samanta Schweblin, “El estado natural de las cosas” de Alejandro Morellón… Hay muchos grandes escritores de cuento y relato que están sacando libros enormes.

 

En Madrid, los cuentos resultan idóneos para las esperas y los trayectos en metro. Mochales me ha regalado una gran semana , alguna sonrisa de esas que tímidamente salen a la luz cuando la cotidianeidad se afila. También me he sentido incómoda con algunos personajes sin escrúpulos.

 

El título del libro me atrapó y quizá nos sirva para hablar del artista: “Me das miedo cuando bailas”.

 

Solo Mochales puede unir el baile con el miedo, la crueldad con la sonrisa o la muerte con un jardín.

Hay una dosis de infancia, de inocencia en sus cuentos

 

“ A medida que fui creciendo floreció en mi mente una teoría singular: el espejo no decía la verdad. En fin que todos los espejos estaban averiados. No funcionaban. No reflejaban. Así que empecé a arreglarme sin espejo (…) Pensé entonces que no solo el espejo, sino también mis ojos estaban averiados. “ pág. 80