Semillas; escritura

 

 

 

 

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Durante mucho tiempo fueron talleres pero siempre me sonó a “averiado”. Luego fueron cursos y la gente esperaba un temario rígido, establecido de antemano, concreto. La gente que acude a un curso espera lecciones, doctrina, teoría.
Así que los llamé “laboratorios” porque la base era la experimentación. Pronto la palabra laboratorio llenó las redes, la nube, los eventos… Aparecieron laboratorios de cocina, de fotografía, de costura, laboratorios de poliamor, de no sé qué, de no sé cuántos… y la palabra se hizo tan cotidiana que perdió sus matices bellos.
Entonces me detuve. Frené hasta que encontrase el término. Durante meses hice listas, tormentas de ideas, lluvias de letras.

Un día el mago me preguntó:
- ¿Qué crees que aportas tú a esas personas que acuden a tu encuentro? ¿Qué cambia en sus vidas tras conocerte? Pregúntales.

Me pregunté a mí misma.
Entonces hice un viaje a Albacete para ofrecer uno de mis laboratorios, y me encontré con ex-alumnos, con amigos con proyectos. Me pidieron opiniones, respuestas, me mostraron sus dudas, sus manos, y me di cuenta de que la creatividad que juntos desbloqueamos hacía ya tiempo, había empezado a germinar y no solo en el cuaderno.

Luego vino otro viaje, corto, cotidiano, en autobús a Illescas. Con los auriculares repletos de buena música y una ventana capaz de hacer danzar el paisaje, apareció la palabra: SEMILLA.

¿Y cuáles son esas obsesiones que me invitan al cuaderno? Porque la obsesión es positiva, porque si no me obsesionase no habría creación, porque la obsesión es caminar la mirada por un lugar y de repente no poder desprenderla de un punto concreto.

En septiembre empezará todo y no empieza en Madrid, no. La primera semilla se plantará en una isla.
¿Queréis saber más?

SEMILLA 1 – La voz
SEMILLA 2- La música: sonido + silencio
SEMILLA 3- El tiempo
SEMILLA 4- El ego
SEMILLA 5- La transformación
SEMILLA 6- La libertad